El mejor deporte: boxear con los cambios

¿Te ha pasado que cuando al fin te sentías estable y conforme con tu vida, llegó un virus, un accidente, o lo que sea que haya interrumpido el curso habitual de los días, y te ha desestabilizado hasta hacer temblar el último átomo de tu cuerpo?



Vengo reflexionando sobre el tema (bueno, en realidad, nunca dejo de pensar en ello), porque en infinitas ocasiones la vida me sacudió obligándome a buscar una alternativa para sobrevivir (supongo que como a todo el mundo), algo que me costó mucho aprender pero que hoy en día agradezco. Y cuando hablo de "sobrevivir" lo digo literalmente, porque me ha tocado escaparme de ladrones armados y diversas situaciones violentas, como así también, trabajar sin descanso para sacar adelante un negocio o, como en estos últimos años, cambiar el rumbo de mi profesión por cuestiones físicas.


Cuando decidí dedicarme al baile otra vez, luego de que mi hija más pequeña ya había dejado de ser un bebé, y habiendo logrado que mi trabajo como artista comenzara a estabilizarse, se intepuso en mi camino un problema en la columna, que por fortuna no es grave, pero que afecta a la movilidad que necesito para bailar profesionalmente. Durante el período de rehabilitación decidí reconectar con otra pasión que tenía aparcada y ponerme en marcha para llevarla a otro nivel, así que comencé a realizar cursos de todo lo relacionado con la escritura y la inteligencia emocional, e incluso comencé a cursar el Grado en Comunicación en la universidad.


Ahora bien, debo confesar que con tres hijas; realizando pequeñas colaboraciones en espectáculos que no demandaban bailar mucho; dando forma a BalanSer, un nuevo proyecto que emprendí hace poco; y llevando la administración de la peluquería de la que soy dueña junto con mi madre, por momentos estudiar se me ha hecho cuesta arriba, pero, sin ánimos de ponerme como ejemplo de nada, sino solo de compartir una grata experiencia, tengo que decir que el hecho de enfrentarme a tantos cambios me ha permitido salir a flote y surfear las olas de las adversidades, logrando conseguir pequeños objetivos que me van acercando al más grande: mi propia aceptación.


Pensándolo bien... no sé con certeza hacia dónde voy, pero sé de donde vengo: de las experiencias positivas y negativas, de la destreza obligada que tuve que adquirir para continuar, de las personas que me dieron y me dan su apoyo incondicional, y de mi lucha interior para confiar en mí hasta cuando peor concepto tengo de mí misma. Así que, voy a seguir boxeando con los cambios, un entrenamiento completo que nos mantiene en forma para combatir los miedos, las inseguridades y los giros de la vida.


Nos vemos en el próximo round.


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