Expresar o no expresar, esa es la cuestión.

¿Podemos conseguir expresarnos de manera consciente y productiva?



Las paradojas son inherentes al ser humano y nuestra forma de expresarnos no deja de ser una de ellas. Todo comunica, todo expresa, ya sea con gestos, palabras u otros signos, sin embargo, uno de los conflictos más grandes que afrontamos cada día es el "cómo" expresarnos.


Desde que nos miramos al espejo a primera hora de la mañana, sin darnos cuenta, buscamos en nuestro rostro algún gesto con el cual comenzar el día. Luego, mientras vamos realizando nuestras obligaciones, pensamos en la manera en la que debemos decirle algo a determinada persona, planteamos diferentes escenarios y posibles resultados, todo para expresarnos lo más acertadamente posible. Pero, aunque no dejemos de imaginarnos situaciones, muchas veces no solo que nos equivocamos, sino que nos hacemos un daño muy grande al reprimirnos constantemente.


¿Existe alguna solución? Por un lado diría que sí, pero por otro, es cierto que el hecho de obtener un buen final en una comunicación no solo depende de unx. Mientras tú estás siendo lo más consciente que puedes, la otra persona quizás está teniendo un cortocircuito y no da lugar a un desenlace positivo.


También hay que tener en cuenta que lo que es bueno comunicar para unxs, es malo para otrxs. Creo que aquí el límite sería evaluar con una visión objetiva, el daño que podríamos ocasionar. Evidentemente, no es lo mismo mostrar desconformidad en un diálogo, que insultar o terminar a los golpes. Podemos guiarnos por algunos parámetros para que esto no suceda o por lo menos, para no ser nosotrxs quienes lo provoquemos.


Entonces ¿qué hacemos? Porque, aunque no nos guste aceptarlo, es un hecho que nuestra sociedad está cada vez más medicada, sedada, alienada de alguna manera para no tener que cuestionar nada, es decir, para no expresarse, porque al hacerlo, a veces provocamos algún conflicto y como nuestro cerebro vive en conflicto, no quiere afrontar ninguno más, ya no tiene fuerzas para plantear alguna diferencia sin ser ofensivo, sin analizar la causa, la forma y el objetivo por el cual expresarse.


¿Y si escuchamos a nuestras emociones y las trabajamos? Deberíamos romper varios prejuicios que aún existen al respecto y desaprender viejos hábitos para aprender otros que nos permitan evolucionar como individuos y como comunidad, para lo que considero muy positivo que cada vez se hable más sobre la inteligencia emocional y la importancia que tiene en nuestro bienestar integral. Incluso, hay países que la incluyeron en su sistema educativo y en la modalidad de trabajo con muy buenos resultados, pero lamentablemente, todavía son pocos.


Sé que no soy parámetro de nada, pero sí que me atrevo a identificarme con esa parte de la población que no quiere dejar de expresarse para intentar mejorar, tanto a nivel personal como social. Soy consciente de que la vida no es siempre un mar en calma, he tenido que navegar en la tempestad infinidad de veces, pero ese no es motivo para ser indiferente y seguir la línea de una mayoría solo por no molestar ni causar ninguna dificultad. Opto por continuar inspirándome en aquellxs que alzaron la voz y cambiaron el rumbo de la historia.


Falta mucho por hacer, pero se han conseguido muchos avances: en las escuelas ya no es normal que un profesor o profesora maltrate a lxs niñxs y se lucha contra el bullying; actualmente podemos denunciar el acoso sexual y se juzga la violencia de género; muchxs decimos "basta" al racismo y a la discriminación y podemos vivir con cierta libertad nuestra sexualidad, entre otras cosas. Pues quiero ser parte de más cambios como estos.


No tengamos miedo a explorar lo que sentimos, a ser autocríticxs y también valientes, para comunicarnos lo más productivamente que nos sea posible, sin dejar de expresar lo que deseamos. Comencemos con nosotrxs mismxs, siendo sincerxs con lo que realmente queremos para nuestra vida, solo así podemos comenzar un cambio que llegue más lejos.

Mi abuela me decía "la caridad bien entendida empieza por casa".