La calle de las redes

Las redes sociales, las aplicaciones, google... ¿todo el contenido online es peligroso o el verdadero peligro siempre estuvo y estará en nosotrxs?


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Cuando escucho y leo sobre los riesgos de internet, vienen muchos cuestionamientos a mi cabeza (qué raro…). Es cierto que cada paso que damos en línea nos expone a que otrxs nos manipulen, nos acosen, nos roben la identidad, en fin… que no es seguro. Pero ahora, yo me pregunto: ¿estas cosas no han ocurrido siempre?


A lo largo de la historia de la humanidad, sin necesidad de algoritmos, grandes poderosxs del mundo han secuestrado, torturado, robado y matado a millones y millones de personas, para lo cual han necesitado previamente, manipular, o mejor dicho, lavar el cerebro, a un importante número de ciudadanxs que lxs ayude a ejecutar sus macabros planes. Entonces pienso: ¿cómo lo han hecho sin internet? ¿qué diferencia hay entre los peligros de hoy con respecto a los de ayer? ¿o es que encontramos el nuevo chivo expiatorio para nuestras miserias humanas?


A veces me dicen: "es que en las redes sociales nadie cuenta sus desgracias ni se sincera, todxs muestran la mejor cara, e incluso, modifican toda su imagen". Y pienso: ¿vamos por la calle contando nuestros problemas y confesando nuestras inseguridades a quien se cruce por nuestro camino?; cuando salimos ¿no intentamos tener un aspecto decente aunque no conozcamos a nadie, y sonreímos aunque a veces no queramos? ¿qué diferencia hay entonces entre lo que somos online y offline?


"El bullying en internet destroza a muchxs jóvenes", es cierto. Pero... ¿hay que combatir el medio o la causa?. En mi infancia fui víctima y testigo de bullying y me he peleado, incluso a golpes, muchas veces por este motivo. Es algo que arruinó la vida de infantes y adolescentes desde que tengo uso de razón. Lo considero un tema extremadamente delicado y no me siento capacitada para profundizar demasiado, pero teniendo tres hijas y habiendo tenido mi propia experiencia de ser acosada, (ojalá no me equivoque) creo que la solución no es culpar a las redes sociales, sino que es algo mucho más complejo en lo que lxs adultxs debemos poner toda nuestra atención para poder anticiparnos y combatirlo, algo que aún no estamos haciendo bien.


Entonces, ante nuestras deficiencias ¿qué hacemos? ¿seguimos buscando culpables o aceptamos la parte que nos toca e intentamos mejorar?. Podemos comenzar por no justificar las actitudes equivocadas de nuestrxs hijxs por cuestiones de ego; como madres y padres muchas veces nos equivocamos y les transmitimos un mensaje erróneo, pero si tenemos humildad, podremos ver esos errores y corregirlos antes de que se conviertan en el conflicto y la violencia que luego le achacamos a las redes sociales, a la pandemia, a la hiperactividad de lxs ninxs, a los "emo" del 2000, a las modelos extremadamente delgadas de los 90, a los video games, a "El juego del calamar", etc., etc., etc.


Las malas intenciones siempre estuvieron ahí, en las calles, en las casas, en las escuelas y en las redes; mintiendo, robando, humillando, secuestrando, ultrajando, acosando, pegando, y en algunos casos, gobernando. Esto ha sucedido, sucede y sucederá, con o sin internet. Pero no debemos olvidarnos de que existe un gran número de personas que divulgan el amor y el respeto, que brindan su apoyo a quien lo necesita y, así, poco a poco, van revolucionando la historia. Seamos esas personas; seamos el cambio que queremos ver en el mundo.



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