Bea, 42 años: Rota, pero no deshecha.
Los días pasaban y, sin embargo, Bea no podía silenciar esa voz que insistía en resonar en su cabeza. Era difícil explicar lo que un solo recuerdo había hecho a lo largo de toda su vida, pero a pesar de ello había logrado muchas cosas: había tenido y seguía teniendo momentos de felicidad, y confiaba en que algún día lograría eliminar esa sombra de sus pensamientos.