Círculo Bondassem. Parte 2

"El efecto"


En mi oficina decidimos seguir trabajando con normalidad y, aunque era muy difícil concentrarse y no comentar nada al respecto, logramos terminar la jornada mientras íbamos confirmando que nuestra gente cercana estuviera bien.


Volví a casa con mucho interés por descubrir lo que había en esos enlaces y buscar el famoso vídeo para verlo completo. Lo pasé tres veces hasta que se me ocurrió contar las palabras del comunicado, efectivamente, estábamos otra vez ante la cifra mágica; aquellas 48 palabras conmocionaron al mundo y aún no teníamos idea de lo que podía llegar a pasar. Estaba muy asustada y consternada, no podía dejar de leer y escuchar todo lo que nos habían proporcionado; era todo tipo de información sobre psicología, neurociencia, física, sociología e historia; desde datos sencillos como el significado de las palabras empatía, solidaridad y emoción, hasta investigaciones complejas sobre el funcionamiento de nuestro cerebro.


La mensajería explotaba, nos encontrábamos ante un acontecimiento único en la historia y no teníamos manera de averiguar el motivo. Lo único que sabía era que el número 48 estaba en cada paso, por lo que empecé a sacar deducciones jugando un poco a ser detective.


Siguiendo los consejos de algunos tutoriales que busqué sobre cómo realizar una investigación, apunté en pequeños papeles cada uno de los datos obtenidos hasta el momento, luego escribí todas las ideas que venían a mi mente, por más alocadas que fueran, y las organicé según el grado de coherencia que tenían. Me obsesioné hasta tal punto que silencié el teléfono, no dormí en toda la noche y al día siguiente comuniqué a mi supervisor que no me presentaría a trabajar porque estaba con fiebre, algo que, claramente, era mentira.

Se me ocurrió hacer un calendario de 48 días, para apuntar cada suceso en un orden cronológico. Fue así como descubrí detalles tan básicos como que todo había comenzado el día 4 del mes 8, estábamos en el año 2048, y que la transmisión comenzó a las 12:48 AM. Cuando ya no pude deducir nada más, comencé a especular con la relación de ese número con mi vida personal, y aunque no coincidía con mi fecha de nacimiento, edad, dirección o número de documento, me percaté de que aquél lunes 4, mi hermano hubiera cumplido 48 años. Samuel había fallecido en un accidente de tránsito que nunca pudo esclarecerse; la persona que lo había atropellado hacía siete años nunca fue encontrada y su caso se cerró sin ningún responsable.


Por un instante mi corazón se aceleró, pero enseguida pensé que se trataba de una simple casualidad. No quería ni siquiera imaginarme que pudiera tener algo que ver con lo ocurrido, pero entonces golpearon a mi puerta y pasaron por debajo un sobre.


Lo abrí temblando, dentro había un chip de memoria casi tan delgado como un papel. Lo conecté en mi ordenador y contenía, cómo no, 48 carpetas. Antes de cliquear en los archivos tuve que respirar profundamente durante unos minutos para serenarme y decidir si le contaría a alguien más lo que estaba sucediendo. Había cortado con Iván, mi ex pareja, hacía poco más de un mes y me moría por llamarlo, pero, finalmente, resolví que lo haría sola.